6 de junio de 2017

Esperando esperanzas


Muera la muerte
que entierra en vida, 
nuestros anhelos. 

¿Sabes cuándo los
ríos traerán a las
montañas vida? 



- Alegría, ¿cómo estás? 
- Viva, muy viva, pero con tanta tristeza que no siento la música
- Mejor, que se me esta haciendo muy duro tu aprendizaje, y a los vecinos ni te cuento con tanto ensayo... 


30 de marzo de 2016

De fines

Siento como el poeta de un dios verdadero 
cambia su vida por la de la niña muerta 
que, sin nacer, ha dejado más huella 
en este mudo  mundo sordo y loco 
por el mar, ese que se esfuma por sus orillas 
hacia las entrañas de la tierra.


-Pena, ¿estás sola? 
-Y sin compañía     

8 de septiembre de 2014

Agujeros

Luis Leonardo, de naturaleza ambivalente, oblicua y polifónica, nació rico por parte de madre. Heredó lunares en los calcetines, unos pantalones azules y agujeros en los bolsillos, para que, por su condición de acaudalado, nunca se llenen.


- ¿Te acuerdas lo que heredamos de madre, Pena?
- Claro que me acuerdo. Era tan pobre que un pozo para que lo llenáramos de deseos.

6 de septiembre de 2014

De peso en pico

Picoplomo era un canario extraordinariamente pesado. No había balancín que soportara su peso. La jaula pasó de la pared a la encimera de la cocina tras reventar la alcayata del seis que la sujetaba.
Murió la abuela y, en polvo y urna de plata, relegó al relindo pajarote al suelo de la terraza, donde canta en silencia a cada una de las flores que pasan a su lado ausentes.


- Ya me gustaría tu ausencia, Pena.
- Sería demasiado aburrido y previsible todo...

28 de agosto de 2014

Con sueño

Se cubrió con un mando de estrellas heredado de una tía que no llegó a conocer. Las penurias y la postguerra agujerearon los recuerdos más recientes hasta hacerlos tomar este color grisáceo. De puro aburrimiento, se durmió hasta que se despertó con la luz del despertador a altas horas de la mañana, casi tarde ya. Tomó un libro con las pastas por fuera y recordó los macarrones con chorizo y huevo crudo de la abuela, pero sin queso. Se tragó las primeras páginas y se guardó el resto para el almuerzo. Se levantó de la cama y se calzó los mocasines, uno por pie. Huyó por el doblez del pasillo hasta el fondo, escondido en el silencio, donde moran los sueños, esos que no tuvo.


- Alegría, que felicidad tenerte cerca.
- Ay Pena, pensé que de pena no estabas ya.